Escondido entre los riscos, que pelea con las insistentes olas, cuyo sonido de rugido ronroneante bramaba furioso, se encuentra un legendario árbol que es sueño y pesadillas de olvidados, ilusiones de aquellos que no vivían, promesas falsas que de boca de damas caprichosas etéreas corren para, como una tentación secreta y vergonzosa de ese lugar...
Hablan de un árbol situado allá donde acaba la tierra y el mar, cuyas raíces han conseguido vencer a la inerte roca y penetrar entre ellas, dejando su sabia entre los riscos, que se asemejan a un hambriento vampiro cuyos dientes muerden un cuello de dama. El color del mar, se asemeja al cenizo de la piel que ha pasado a mejor vida y pútrido olor a cadáver parece emanar de aquella sal que en vano intenta curar aquella herida abierta de la furiosa mar.
Se dice que quien alcance a recoger los frutos que colgaban suaves desde las ramas, podrá ser más que los dioses paganos y el dios celestial. Cuerpos de perecedores adornaban las rocas, desconyuntados y en poses antinaturales de eterno dolor, con ojos y bocas horrorizados por sentir el estoque de la cruel piedra afilada atravesándoles y regándose de su sangre.
Tú, que ahora estás aquí solo ves muerte por doquier, cuchillos asesinos a cada paso y bramido furioso de mar se confluyen para dejar paso a la puerta que une la tierra con aquello desconocido.
Finalmente, la silueta del legendario árbol, dorada, destaca en un cielo rojo, rojo y naranja como la fuerza de la sanfre derramada en el lugar.
En aquel esplendor dorado, algo más brillante refulge como dos grandes pinceladas de un lienzo de oro. Como las hojas del sauce llorón, que ruedan hasta el suelo paseando entre las angulosas rocas, dejan su estela ónice.
Falsos heraldos sirénicos parecen cantar a aquellos frutos que colgaban y gritaban ser poseídos por ti, gritaban tentación y la tentación está engarzada con ellos. Entre tanta muerte, aquellos frutos eran como manzanas prohibidas, insinuando algo mejor que la condición de simplemente, conformarse.
Acercándote al objeto de deseo, que de ser maravilloso e insinuante han pasado a ser el fruto de la pesadilla. No son ramas las que pasean por el suelo sino hermosas cabelleras negras de doncellas que ondulaban y se retorcían en un orden casi hipnótico, cuidadas y mimadas como si alguien viniera a peinarlas todos los días. Unidas a un rostro, completamente imposible de identificar porque simplemente, han sido golpeados, una y otra vez, machacados hasta quedar como máscaras rojas de sangre que te miran interrogantes y expectantes, pero que te sonríen y te dan una calurosa bienvenida a esa trampa dorada de la que no puedes salir.
...
Los ojos quedaron ciegos y sin vida ante la sonrisa de dama que se pareció dibujar en aquellas cabezas, que sin ojos, parecían mirar a la presencia intrusa del lugar y sonreírle. El viento movió las adornadas y hermosas cabelleras como si fuera la bandera de la muerte entre cantos heráldicos de sirenas inexistentes...
Wolas! Esta vez, me ha parecido más tétrico que los anteriores, al menos personalmente, quizás por el efecto del "tú". En fin un día de estos haré algún relato algo más "light" xD Por cierto, me he basado en el árbol de las manzanas doradas, aunque esta vez, no tengan precisamente eso...
Intentando mejorar, como siempre ;)
lunes, 21 de mayo de 2012
Árbol
Publicado por Yoly en 3:38 0 comentarios
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
